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Ramiro
Agulla y Carlos Baccetti, Agulla & Baccetti, son un referente obligado cuando
se habla de la creatividad publicitaria argentina de la última década y
lo serán del negocio en el próximo siglo. Sus trabajos trascendieron al
sector..., son celebrados como pequeñas joyitas cinematográficas; tal es
mi recuerdo de la campaña de Mimito (creada en tiempos de Verdino), exhibida
en los cines durante la tanda previa a la película, que captaba la total
atención del público y generaba el aplauso espontáneo. La agencia que crearon,
desde que nació jamás dejó de crecer; a tal punto que hoy tiene en su cartera
los nombres de importantes empresas incluido uno muy un ilustre acaba que
de arribar: YPF. Pero lo más llamativo del fenómeno Agulla & Baccetti es
el cambio monumental, que se gestó en la vida de ambos, a partir del momento
en que se unieron para formar un equipo como tantos y que terminó siendo
una marca muy exitosa. Cuando se juntaron volvieron a nacer y con ellos
una nueva etapa de la publicidad argentina, la más trascendente: cuando
las multinacionales están comprando todo y, sin embargo, aparece por primera
vez una identidad local en los mensajes. Agulla y Baccetti juntos son “dinamita”
y, según ellos mismos, están unidos espiritualmente a través del amor. Con
el propósito de conocer más a fondo a los personajes los entrevistamos individualmente
y también visitamos el edificio al que se mudarán en corto tiempo, donde
además se realizó la producciòn fotográfica. |
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"Pese
a disponer de muchas posibilidades es muy difícil que haga amigos nuevos...
no sé por qué. Probablemente porque quiera conservar algo de esa época que
fue la mejor para mí... una época atesorada... ¡Aunque reconozco que tenemos
vidas y formas de pensar muy distintas en algunos casos! Estudié publicidad
en El Salvador. Carlitos estaba un año arriba. Nunca dialogamos en esos
años pero fue muy gracioso cuando me llamaron de FSD Young & Rubicam y fue
Carlitos quien me recibió: mi sorpresa fue muy grande, ¡sos vos!, le comenté.
Luego de un tiempo, él me confesó que yo le había caído bien porque en la
facultad era un tipo muy piola, canchero con las minitas (risas)...". |
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¿Siempre
hiciste las cosas en equipo o generaste algo solo?
Escribo canciones desde chico. A los trece escribí una canción
increíble, decía: "En el gobierno de Perón, la gente los reclamó, militares
salvación, ya está presa Isabel, el curro se terminó, la pantera los cagó...".
En casa había mucha información, a mí me traspasaba y volcaba todo eso en
las letras. Cuando el viejo se murió también escribí una canción para él...
y no la podía cantar en ningún lado porque empezaba y todos se largaban
a llorar. |
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¿Lo
tuyo era música y letra?
Guitarra y letra... que no es lo mismo. Me acompañaba con la
guitarra, era un buen interpretador. Todo en la actualidad es mas o menos
igual, por eso puedo interpretar un tema o la locución de un comercial con
huevos. |
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¿Qué
música escuchabas?
De todo. Lo que escuchaban mis tres hermanos (soy el menor.
Horacio es gerente de Marketing en OCA; Gonzalo, es productor de cine publicitario.
En cambio, mi hermana María José vive en Necochea y la adoro mucho por la
familia que formó. Cuando ella ve los comerciales de OCA, creados por mí
y producidos por Gonzalo se cierra el circuito). La música beat, la que
se pasaba en "Música en libertad" un programa que conducía Leonardo Simmons
por Canal 9, al que una vez asistí porque mi viejo era amigo de Romay. También
escuchaba mucho rock sinfónico y por supuesto, Sui Géneris, Litto Nebbia...
El disco "Un día en las carreras", de Queen, es algo impresionante; recuerdo
que me ponía los auriculares y cantaba con Fredy Mercury. Tenía alrededor
de diez años... época muy alegre. |
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Pese
a haberlo perdido cuando todavía no habías crecido prácticamente ¿Tu viejo
fue un buen modelo para vos?
Te puedo decir que después de muerto y de cosas que gobernaron
mi conducta, evidentemente yo a mi padre lo amaba y lo admiraba de una manera
tal que hasta me tuve que plantear en algún momento: "Bueno, éste sos vos
y éste soy yo". Mi viejo estaba, pero te podés imaginar que no era de los
que iban a los actos del colegio. |
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Era
una persona muy ocupada...
Sí... recuerdo que una vez, en quinto grado, una maestra me
preguntó dónde estaba él. Yo le respondí: ¡está jugando al golf! (risas).
Después mi vieja tuvo que explicarle que en realidad estaba en Córdoba,
ocupado en temas de política. Yo no sufría tanto porque el no estuviera.
Me alcanzaba con que un sábado a la mañana (esos sábados de copetín en La
Biela) me llevara a comprar algún juguete que yo quisiera... Una vez fuimos
a una juguetería y me compró una pistola de aire comprimido, con la que
venía insistiendo hacía tiempo, tenía trece años. Al año fue asesinado.
A esta altura del reportaje, hablando de su padre, lo noto tenso, nervioso,
como queriendo anestesiar el dolor. Me propongo respetarlo, ya casi todos
conocen la historia del asesinato de su padre en época de gobierno militar.
Hago una autoreflexión y pienso en los estereotipos y en los mitos, una
materia casi olvidada que tanto tuve que analizar con los textos de Umberto
Eco en tiempos de facultad. El padre de Ramiro además de abogado y político
fue un reconocido periodista, director de Confirmado (una revista que abordaba
temas de política durante los setenta). Y me digo: "Era otra época, los
asesinatos políticos eran moneda corriente; si hubiese sucedido hoy, el
padre de Ramiro sería un ícono como José Luis Cabezas". |
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Ramiro,
contame algo de tu mamá...
La vieja se va a enojar. Ella era una
de las mujeres más lindas de la alta sociedad cordobesa, un poco frívola,
que se casó con un intelectual al que admiraba. Pero, además, la que no
tuvo problemas en trabajar cuando la guita comenzó a escasear. Trabajó hasta
hace tres años. |
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¿Tus
primeros pasos laborales cuándo los iniciaste?
Cuando mi viejo falleció, tenía catorce años, crecí de golpe;
me hice a mí mismo. Por eso, cuando terminé el secundario empecé a laburar
en Estrada Hnos., Agentes de bolsa, como cadete y a los seis meses me pusieron
a manejar la caja. Yo gané fortunas, vestía con trajes y zapatos escarpines.
En tanto, todos mis amigos hijos de ricos la pasaban "panza para arriba"
en sus quintas. Ya no tenía tiempo para entrenar y se me hacía muy difícil
jugar rugby en buen nivel. Junté guita suficiente para estudiar sin trabajar
e ingresé a la universidad. Cuando el dinero, nuevamente comenzó a escasear
trabajé de barman en un boliche de Ayacucho y Arenales. |
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¿Por
qué elegiste publicidad?
Yo no lo sé. Ahora es muy distinta la publicidad. Imaginate
mi cuadro de situación: egresado del Colegio Champagnat... yo tenía una
angustia... todos mis compañeros continuarían con carreras tradicionales,
abogacía, medicina, ingeniería, a lo sumo el más audaz seguiría arquitectura.
Cuando comentaba que iba a estudiar publicidad, las madres de mis compañeros
me decían: ¡vas a salir en la tele! Bueno, al final tenían razón, pero no
se referían a eso. Recuerdo mi pieza, cuando tenía 14 años, estaba llena
de fotos de mi familia y mías. Todas tenían titulares montados, que recortaba
de las revistas, y eran buenos. |
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Claro,
hay un antecedente, tu padre dirigió un medio periodístico y la publicidad,
a su manera, es una forma de "editorializar"... ¿Dónde iniciaste tu carrera
en la publicidad?
En León Chocrón, una agencia que hacía la publicidad de distribuidoras
de cine. Era un laburo muy divertido que al comienzo hice gratis. Consistía
en ir a la distribuidora y en su sala privada ver las películas que próximamente
se estrenarían. Le cambiábamos el título y hacíamos la frase de venta: "Primero
fue por amor, después..." (risas). Iba a las disquerías de la calle Corrientes
con papel y lapicera y anotaba todos los títulos de las tapas de discos...
luego se los nombraba al distribuidor hasta que éste elegía uno: "este me
gusta, pibe" (ja, ja, ja). Después de un tiempo, como yo estudiaba publicidad,
Chocrón incorporó cuentas que también atendía yo: Blindex, Banco Tornquist.
Al tiempo, en el año '88, la Asociación de Agencias inició los cursos que
aún hoy continúan. Yo me incorporé al de Redacción Publicitaria. Entre los
profesores estaban Patricio Bonta, Pablo Benegas, Jorge Bendesky... eran
los "grossos" del momento. El curso lo hice más que nada para darme a conocer...
y me dio buen resultado ya que en el mismo año Bonta me llevó a J. Walter
Thompson. |
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Entraste
a jugar en las ligas mayores...
Exactamente, en la "Catedral". Un muy lindo ingreso para aprender
lo que es la publicidad, todo a fondo, para después saber como "romperlo".
Me encanta haber empezado en JWT. Así me di cuenta de todo lo que había
que modificar. Obvio, no es lo que pensaba en ese momento... pero sí tiempo
después. Esto lo vinculo con la enseñanza en la universidad: allí te enseñan
las reglas del negocio, pero los chicos deben saber que en creatividad las
reglas están para romperlas. |
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¿Quién
fue tu primer director creativo?
Coco Dayán... él me enseño mucho. |
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Lo
recuerdo, además fue un buen escritor...
Tengo uno de sus libros; se llama "Volvió una noche". Su muerte
en el '89 me shockeo. Murió de sida. Era un tipo muy sensible. Trabajé con
él y con Miguel Vera, después me llamaron Gabriel y Carlitos. |
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¿Cuánto
tiempo trabajaste en JWT?
Entré en setiembre del '88 y me fui en setiembre del '89. |
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